Betty se está preparando para vivir beoda toda la semana. Yo creo que tomar directamente del frasco de Hepatalgina durante todo el domingo no es un acto demasiado preventivo, pero entiendo su alegría. Lo único que me queda ante tamaña anticipación es pedirles amabilidad, mesura y buenos deseos para con ella y nuestra prestigiosa institución.
http://www.diarioc.com.ar/inf_general/id/97634
domingo, 23 de septiembre de 2007
martes, 18 de septiembre de 2007
Protocolo
Betty sigue haciendo preguntas, y dice: ¿qué significa poner el cuerpo? ¿cuánto de ese cuerpo es aceptable poner en riesgo en una batalla?
De nada sirve que le conteste en broma acerca de Cervantes y Lepanto, del General Nelson y Calvi, del Mariscal Rommel y Normandía. Betty necesita respuestas, probablemente, pero yo no puedo dárselas, y sigo teniendo buenos modales.
martes, 11 de septiembre de 2007

En la tarde lluviosa de ayer que no auguraba nada más que melancolía, Betty se acercó nuevamente, con una decisión tomada y sin ganas, aparentemente, de esconder la cabeza, y me dijo con un tono que helaba la sangre: "Estuve leyendo poesía gauchesca y ya entendí todo. El límite del dejar hacer es el mismo de la paciencia. Es hora de que el facón hable." Renglón seguido, tomó aire y dió media vuelta, mientras la garúa seguía martillándome el cerebro en la Sala de Lectura ya vacía.
Hoy cuando llegué Betty ya estaba sentada en el escritorio y, con el rimmel un poco corrido, escondía un pañuelito de papel en la manga de la blusa rosa que le queda tan bien.
Al rato, le pasé, junto con la azucarera, el volumen con la hoja marcada en la página que esperaba que leyera: "yo, éste al que designo diciendo éste, al que veo moverse, pensar, aburrirse, caer en la tristeza y salir, abandonarse a cualquier pequeña, variable forma de la fe y salir."
domingo, 9 de septiembre de 2007
Salidas

La querida socia Pdepau inaugura así, generosamente, su participación en la BPMP:
El sábado pasado, a la salida del teatro, luego de deleitarnos con una exquisita obra de danza perteneciente a la programación del Festival, le digo a nuestra querida Marta Paste: “ Vos te dás cuenta que hace casi 20 años que hacemos esto juntas?” y ante la carcajada de ella, sobre todo por mi forma de referirme a este hecho, le sigo diciendo: "¿te imaginás cuando tengamos 80 años y te llame por teléfono y te diga: Viene X compañía de danza, sacamos entradas, y pido un auto y te paso a buscar por tu casa?”
Entre las carcajadas, me sobrevino una tremenda felicidad: estoy segura de que este ritual de ver obras de danza sobrevivirá a todos los avatares, porque les puedo decir que para mí combinar una de mis grandes pasiones que es la danza en compañía de nuestra querida bibliotecaria es una de las cosas que mas disfruto en esta vida.
lunes, 3 de septiembre de 2007
Modales
miércoles, 29 de agosto de 2007
Hasta la victoria siempre

Ayer Betty dió parte de enferma y no atendió el teléfono en toda la tarde.
Según me dijo hoy, había estado mirando telenovelas y regando las plantas durante todo el santo día, preguntándose si su trabajo de archivo tenía algún sentido para alguien además que para sí misma, si en realidad su vocación de bibliotecaria era auténtica o solo estaba impulsada por el temor que le había dado triunfar como vedette, si valía la pena seguir combinando la cartera con los zapatos, si era feliz con su aporte al mundo chiquitito de la Sala de Lectura o si le estaban deparadas otras cosas que no estaba dispuesta a afrontar.
Ante semejante autointerpelación, decidió postergar indefinidamente cualquier respuesta, venir a trabajar, y estrenar una nueva heroicidad a escala de biblioteca, exigiendo que no se le descuente el día, bajo amenaza de llegar hasta las últimas consecuencias con la empleaducha
de recursos humanos.
miércoles, 22 de agosto de 2007
Telefonía móvil

Preocupadas como estuvimos con Betty por acomodarnos a un nuevo sistema de carga de datos, fue muy difícil para ambas tratar de mantener la comunicación con nuestros socios. Y aunque además de eso pusimos una centralita nueva para distribuir los llamados en los dos internos que cada una atiende con dedicación en escritorios lindantes, ninguna de estas innovaciones nos hizo más sencilla la vida.
Mientras charlábamos sobre la ilusión de que lo nuevo es mejor, apareció por la puerta principal de la Sala de Lectura un antiguo socio a quien nos costó reconocer debajo del montgomery vintage y los anteojos de sol. El muchacho excesivamente serio que durante varias temporadas se había llevado en préstamo, sin prisa y sin pausa, la obra completa de todos los poetas latinos, caminaba ahora hacia nosotros con aire de catwalk y solicitaba, sin un atisbo de duda, “lo último de Franzen”.
Mientras Betty buscaba sin éxito en los anaqueles, seguí haciendo el listado con los dos internos para pegar en cada uno de los escritorios y traté de encontrar detrás de los vidrios espejados alguna huella del joven demasiado maduro que una vez había conocido y que sin dudas seguía ahí.
Después me acordé de la vez en que Betty se tiñó el pelo y tardé tres segundos en reconocerla sentada en Las Violetas, y de cuando volví a besar a Alcides simplemente porque no lo reconocí en una fiesta de disfraces, y de la vez en que María Luisa se comprometió con el referencista que la había engañado simplemente porque habían renegociado algo que solo ellos podían entender, y de la charla confesional que tuve con una bibliotecaria de Rawson a la que conocí por tres horas.
Al rato Betty volvió con la respuesta lógica de que no teníamos ese volumen, pero diciendo que si él quería podíamos cambiarle la foto del carnet, para que se pareciera más a sí mismo. Calculo que con el cutter en la mano se sentía más segura acerca de cómo ordenar lo nuevo y lo viejo. El muchacho, sin embargo, no andaba con fotos carnet encima y prometió volver al otro día para la renovación, aunque todavía no tuvimos noticias suyas.
Mientras charlábamos sobre la ilusión de que lo nuevo es mejor, apareció por la puerta principal de la Sala de Lectura un antiguo socio a quien nos costó reconocer debajo del montgomery vintage y los anteojos de sol. El muchacho excesivamente serio que durante varias temporadas se había llevado en préstamo, sin prisa y sin pausa, la obra completa de todos los poetas latinos, caminaba ahora hacia nosotros con aire de catwalk y solicitaba, sin un atisbo de duda, “lo último de Franzen”.
Mientras Betty buscaba sin éxito en los anaqueles, seguí haciendo el listado con los dos internos para pegar en cada uno de los escritorios y traté de encontrar detrás de los vidrios espejados alguna huella del joven demasiado maduro que una vez había conocido y que sin dudas seguía ahí.
Después me acordé de la vez en que Betty se tiñó el pelo y tardé tres segundos en reconocerla sentada en Las Violetas, y de cuando volví a besar a Alcides simplemente porque no lo reconocí en una fiesta de disfraces, y de la vez en que María Luisa se comprometió con el referencista que la había engañado simplemente porque habían renegociado algo que solo ellos podían entender, y de la charla confesional que tuve con una bibliotecaria de Rawson a la que conocí por tres horas.
Al rato Betty volvió con la respuesta lógica de que no teníamos ese volumen, pero diciendo que si él quería podíamos cambiarle la foto del carnet, para que se pareciera más a sí mismo. Calculo que con el cutter en la mano se sentía más segura acerca de cómo ordenar lo nuevo y lo viejo. El muchacho, sin embargo, no andaba con fotos carnet encima y prometió volver al otro día para la renovación, aunque todavía no tuvimos noticias suyas.
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