jueves, 12 de junio de 2008

Dos a la derecha, y después doblá


Después de una licencia que la tuvo lejos de la BPMP por varias semanas, Betty finalmente volvió, convencida tanto de la felicidad que deparan algunos paisajes como del incierto significado de lo que comúnmente llamamos distancia. Y dispuesta a casi todo para que compartiéramos esa perplejidad, se instaló en su escritorio rodeada de mapas y una colección de marcadores trazo fino con los que dibujó uno por uno los recorridos que la habían tenido ocupada en los días de descanso.
Al rato, fue bastante fácil saber que la cantidad de mapas excedía el número de las ciudades que sus postales nos habían enumerado, y ya no pude sorprenderme cuando se hizo evidente que las líneas del Metro se superponían con la cuadrícula de una dudosamente cosmopolita ciudad de puerto bonaerense.
Apenas hubo tiempo para que Betty me susurrara el modo en que pueden confundirse quién espera a quién, y qué lugar nos está reservado, y de qué se trata estar lejos por un rato, y cuándo es que se empieza a preparar la partida o la llegada, y la inevitable evidencia de que el viaje siempre es redondo, según de dónde se lo mire.
Entonces, con el previsible tecito en la mano, me quedé fuera de horario a compartir el itinerario imaginado y decir algo de los trenes, de nuevo, para que Betty supiera que esto también se trataba de subir o no subir o, mejor, de disfrutar el recorrido.

martes, 13 de mayo de 2008

Ahhhh




Y como que ahora, todavía sin haber puesto nada en la valija, voy cayendo en que en menos de 24 horas me esperan esas fotos.
Qué boluda.

lunes, 5 de mayo de 2008

Chau

Betty viene y me dice si ya hice las valijas sabiendo que, como de costumbre, tiraré unas cuantas pilchas adentro de un bolso unas pocas horas antes de que sea demasiado tarde.
Pero hoy, a la costumbre se suma el letargo y la pena de volver a pensar en qué significa irse de una vez por todas, estar o quedarse un rato más. Hoy, la falta de tiempo para planificar la partida parece una broma de mal gusto y la confirmación de que de todas maneras mejor que te agarres fuerte, porque nunca estás preparado para nada.

lunes, 21 de abril de 2008

Repetidor

A pesar del humo que entraba por la ventana, del dolor de espalda que por estos días insiste en acompañarla y de la cercanía del referencista que no le pierde pisada, Betty consiguió acercarse mi escritorio y recostándose sobre el armario me dijo en un susurro: “A mí lo que me asombra es la insistencia. La manera en que María Luisa, o yo, o vos, sin ir más lejos, ya sabemos varias cosas, y sin embargo intentamos de nuevo.” Y sin que pudiera ni siquiera ofrecerle que se sentara, siguió: “Todavía no me lo figuro del todo, pero debe ser que no son repeticiones, que todo es nuevo aunque sea lo mismo. Hasta cuando nos quedamos quietas, pienso a veces, y parece que descansamos, en realidad estamos tomando aire para otro etcétera”.
Estuve a punto de decirle que le preparaba un tecito, y preguntarle si lo decía por el chico que viene a la Sala de Lectura para preparar por enésima su examen de Higiene para la Salud. Pero ni yo podía creerme semejante cosa frente a la sonrisa medio boba con que la ví mirar por la ventana y acomodarse los aros.

martes, 15 de abril de 2008

Changing rules




Y así es como en estos días se impone, en contra de todo Reglamento que negaba la confesionalidad de la BPMP, el relato de esto que sigue.
Y así es que termino diciendo que hace unos días un viaje en avión me deja sentada junto a dos señoras y (pasillo de por medio) una chirusa sin encanto, pero con el pelo perfecto como nunca podré tenerlo. Cuando todo prometía una siesta, el diálogo de mis mujeres mayores me deja pegada sin disimulo al relato de sus hijos desaparecidos, de la charla que van a dar, de la historia de quién fue a la primera reunión de Madres, de las fotos imposibles de Hebe tomando la comunión. Y al lado, mi chirusa de pelo Sedal esconde su celular prendido para poder despanzurrarse escuchando el MP3, mientras la noticia del chino que hizo chocar un avión, a fuerza de interferencia telefónica y tilinguería, da vueltas en mi cabeza.
Entonces, pensé que la maqueta del viaje estaba toda ahí, conmigo ganada por el silencio y el temor de dar vuelta la cabeza, eligiendo evitar los riesgos de ser una metida o una buchona, optando por la discreción y pagando ese precio con la incomodidad.
Pero ninguna maqueta puede tener todos los detalles, y como dijo pdepau a la vuelta de mi engañoso turismo laboral, ya cansada pero lúcida, “no hay manera de no correr riesgos”. Y aunque las señoras se bajaron en la primera escala y la chirusa no hizo caer el avión, parece que yo he decidido seguir todavía en el viaje, ver qué pasa y no quedarme tan quieta, considerando que de todas maneras siempre hay peligro y aviones imprevistos. O trenes, para el caso.

sábado, 22 de marzo de 2008

Vermouth con papas fritas




Después de varias semanas en las que anduvo de recorrida por Bibliotecas suburbanas en busca de nuevas y mejores formas de catalogación, Betty se sentó ayer a la tarde sobre un extremo de mi escritorio, y mientras se acomodaba el saquito que marcaba para ella el fin del verano, me largo sin preámbulos la narración de todo su tour libresco.
De lo que me contó quedan más fichas e inventarios por hacer, y una sarta de detalles excesivos, excepto por el relato fingidamente desinteresado del encuentro fortuito con un referencista de Bragado que alguna vez la tuvo a mal traer.
Y así, mientras en la radio se escuchaba un tema pegadizo y la Biblioteca iba quedando vacía, Betty no tardó en despacharse con la inquietud de lo que ya no recuerda, y una catarata de preguntas acerca de las minúsculas decisiones que definen una serie de cataclismos y determinan un destino en el que todas las demás opciones se clausuran silenciosamente.
Para cuando llegó a buscarnos María Luisa, ya estábamos en silencio, pensando las dos, creo, en que el recuerdo de las grandes decisiones puede hacernos creer que es posible evaluar también los grandes errores; saber que cosas evidentes como decidir juntar tu biblioteca con la de tu amor, irte al otro lado de un mar o un río, cambiar los libros de química por una mochila y una carpa, son la prueba más evidente de que es posible desviar el rumbo. Pero lo otro, lo mínimo, el subte que no tomamos o la calle que cruzamos demasiado rápido, lo que se nos ofrece o nos acecha cuando estamos distraídos en lo demás y pudo haber hecho toda la diferencia o ninguna, eso es aterrador y demasiado para poder soportarlo en, digamos, una tarde de domingo.
Un rato después, la serie de chismes que había traído María Luisa nos separó blandamente de esa dimensión donde todo o casi nada podía ser un error, y nos limitamos a decidir que era mejor dejar el té en pos de un vermucito temprano, aunque eso trajera consecuencias irremontables.

jueves, 28 de febrero de 2008

Betty es un ñoqui



Cumplir años el 29 de febrero es casi una declaración de fuga. Una manera de existir cabalmente de vez en cuando y que los otros cumpleaños sean una apuesta a lo invisible.
Hoy mi viejo renueva la huida, y persiste en ser un misterio aunque esté ahí nomás, al alcance de la mano y del teléfono, y cumple demasiados años como para que pueda apostar a que lo encontraré de nuevo en el próximo año bisiesto.
Y en el medio, esta foto, y los sábados de superacción mientras mi vieja iba a la peluquería, y la guerra de sifonazos en Carnaval, y las tardes de álgebra y la manera en que se ríe con la Barcelona, y la insatisfacción y el malhumor y las puteadas y las cosas que están por venir y de las que puede ser que ya no sea testigo.